Translate

Mostrando entradas con la etiqueta aprovechar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta aprovechar. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de agosto de 2014

Bizcocho esponjoso: aprovecha las claras que te sobran

Volvemos con otra receta basada en el aprovechamiento y, además, sencilla: dos por uno. Como ya os comentamos en otra entrada, este dulce se basa en las claras que nos sobran cuando en un postre o salado usamos sólo las yemas. Con este bizcocho podemos usar las claras porque no las vamos a tirar, al revés, vamos a aprovecharlas para hacer repostería. Podéis usar también claras congeladas que hayáis ido guardando.


Procedamos pues a detallar los ingredientes que necesitaremos. Recordemos que colocarnos todos los ingredientes a mano lo va a hacer mucho más fácil.
  • 150 gr. de azúcar.
  • 50 gr. de harina.
  • 50 gr. de maicena (fécula de maíz)
  • 25 gr. de mantequilla.
  • 5 Claras de huevo.
  • 1 cucharadita de levadura en polvo.
  • La ralladura de un limón.


1.Derretimos la mantequilla: podéis derretirla en el microondas unos segundos y después dejar que se enfríe unos minutos en la nevera o dejar que se derrita a temperatura ambiente; si lo hacéis durante el verano, no el proceso irá rapidito.

2. Precalentamos el horno a 180 grados.

3. Engrasamos un molde, da igual el tamaño. Dependiendo del mismo saldrá más grueso o más delgado.

4.Mezclamos en un bol los 50 gr. de harina con los 50 gr. de maicena o fécula y la cucharadita de levadura en polvo y reservamos.

5.Ahora en un bol, introducimos las 5 claras y batimos hasta que nos quede como un merengue; en este punto debéis mezclar poco a poco y con cuidado el azúcar de forma envolvente porque si le damos fuerza después no nos subirá.

6.Echamos la harina, la mezclamos con la fécula y la levadura que habíamos reservado, luego la mantequilla que tiene que estar con textura pomada y la ralladura de limón. Y volvemos a batir.

7.Cuando todos los ingredientes se hayan mezclado bien, metedlo en el molde que hayáis escogido y engrasado. Introducid en el horno y en unos 20 o 25 minutos a 180 grados debería quedaros hecho y doradito. Si tenéis dudas, al acabar el tiempo, el palillo o la brocheta, que es más larga, no falla: si sale limpio ya podéis sacarlo del horno.

Es un bizcocho que no quedará muy esponjoso si nos hemos con el batido. Si nos ha pasado eso y  queremos  darle un toque para que quede menos seco, sobre todo pensando en el día siguiente, podéis hacer un chocolate a la taza espeso y echarlo por encima del bizcocho. ¡Quedará más goloso!


sábado, 12 de julio de 2014

Crear un marco perchero customizado


Material:
  • Papel decopauge o de forrar
  • Betún de Judea (si queremos envejecer)
  • Pintura en spray
  • Marcos variados
  • Colgadores
  • Cola 
  • Agua
  • Pincel
Empezamos cogiendo los marcos y desmontándolos para quedarnos sólo con el esqueleto decorativo. Aislaremos la zona de trabajo con papel de periódico para no liarla cuando cubramos con spray los marcos. Como hemos cogido marcos de plástico, la pintura se adhiere perfectamente y queda un final muy pulido. Una vez bien cubiertos, los dejamos secando el tiempo que les haga falta, según os indiquen las instrucciones del propio spray. Normalmente en 24 horas los tenemos listos.



Mientras dejamos secando, cogemos la base del marco donde normalmente pondríamos la foto y tomamos la medida que necesitamos para recortar el papel decoupage, aunque podéis utilizar el que os guste. Para pegar el papel mezclamos cola y agua y cubrimos la superficie. Pegamos el pagel y encima de éste damos otra capa de cola y agua para que quede totalmente fijado y liso. Dejamos secar





Cogemos los colgadores y los presentamos en la superficie donde hemos pegado el papel comprobando que los tornillos para ensamblar los colgadores no traspasarán la superficie a perforar. Una vez presentados y marcado con lápiz el lugar donde se dispondrán los tornillos pasamos a atornillar los colgadores.





Montamos el marco y para darle un aire mucho más retro cogemos betún de Judea en una pequeña servilleta o trapo y damos pasadas en las partes más superficiales del marco como los bordes o las zonas más labradas.

¡Ya tenemos nuestros marcos personalizados donde colgar nuestros bolsos o chaquetas!




¡Esperamos que os guste y que os inspiren muchas más ideas!


jueves, 3 de julio de 2014

Crear mesas a partir de bobinas/carretes de madera recicladas

Mesitas carrete

Materiales:

Bobinas/carretes de cable eléctrico
Pintura (imprimación blanca)
Látex
Patas

¡Hola! Hoy os presentamos una entrada rápida pero no por eso menos interesante basada en la idea de reciclar y restaurar bobinas de cables, con la posibilidad de crear miles de diseños, siguiendo la moda de usar como decoración elementos que pertenecían a ámbitos de la obra o la electricidad como los palets (tan de moda ahora) o los carretes de hilo eléctricos o telefónicos.

A pesar de que es más complicado conseguir carretes que palets o cajas de madera, si buscamos por internet o pasáis por sitios que tienen obras paradas veréis que no es tan complicado conseguirlos. En la web de Segunda mano encontraréis varios vendedores de bobinas de madera.



Empecemos. En este caso os presentamos varias mesitas con este tipo de carretes; estas bobinas son de tamaño mediano aunque existen muchísimas medidas, igual que pasa con los palets.


















En ambas presentaciones, pintamos con pintura de imprimación blanca todo el carrete (al ser madera lisa no hay veta visible de madera para realzarla) y damos dos capas para que quede bien imprimado todo el carrete.

De los dos carretes cogemos uno entero y recortamos tanto papel decopauge como de scrapbooking de motivo primaveral y lo enganchamos (mezcla clásica de cola y agua) cubriéndolo por encima con la misma mezcla. Una vez seco le damos una capa de látex para que resista bien a las temperaturas y no se deteriore con el paso del tiempo. Después le colocamos unas patas efecto retro pintadas con la misma pintura blanca anteriormente mencionada (mal pintadas, para hacerla en dos tonos) las collamos con tornillos y ¡LISTO! Mesa de diseño para el jardín, balcón, terracita o lo que tengamos.

El otro carrete decidimos colocarlo dentro de casa y darle varias opciones. Con una caladora cortamos el carrete por la mitad. Le damos una capa de imprimación blanca y utilizamos la misma técnica para la colocación del papel que habíamos usado: por un lado con motivo de escritorio antiguo y la otra mitad del carrete con carteles vintage adaptados a la mitad del carrete. Una vez enganchados, con betún de Judea envejecemos la mitad del carrete tipo escritorio para darle mucha más personalidad al resultado.

Terminada la parte de decoración, aplicamos capa de látex y ponemos las patas aunque en este caso bajitas para convertirlos en muebles bajos, mesitas auxiliares o estantes apilándolos y apoyándolos sobre una pared. También podemos prescindir de las patas y colocarlos directamente en la pared como si fueran estanterías.





Los carretes son tan versátiles que podemos decorarlos con fotos como hemos hecho nosotros o decorarlos con grabados, cenefas pintadas, trasferencias de imágenes, photocollage familiar, pintura... Cualquier cosa que se os ocurra. Es práctico, fácil y EXCLUSIVO. Vuestro diseño para vuestro hogar.

¡Hasta la próxima! 

martes, 10 de junio de 2014

Mesita vintage Lady Lidia




¡Hola! Hoy os explicaremos cómo dar un aire nuevo a lo que ya tenemos sin necesidad de comprar grandes muebles. Podemos babear viendo esas preciosas casas con esos maravillosos muebles hechos a juego o directamente darle a lo que ya tenemos en casa nuestro aire más personal e intransferible.

Para la entrada de hoy hemos cogido una mesita plegable tipo ochentera que estaba aparcada altillo.




La rescatamos y la lijamos con una lija de grano medio. Le pasamos un paño húmedo y secamos (para quitar el polvo) y en este caso cogemos tinte naranja y le damos una abundante mano. Que cada cual elija el tinte que más le guste.

Dejamos secar.

Cogemos los motivos que queremos instaurar en la mesita. En este caso tiene nombre de Lady…. Lady Lidia, con lo cual elegimos imágenes de Lady de la época.



Hacemos una mezcla de ¾ de cola y ¼ de agua para conseguir una mezcla más espesa y empapamos bien tanto la superficie donde queremos poner las imágenes como en la parte de atrás de la imagen.



Una vez colocada cogeremos un pincel mediado y daremos pasadas por encima de la imagen; veremos que vamos arrastrando parte de la tintada por los márgenes de la ilustración de la Lady (por eso hemos hecho más espesa la mezcla y hemos dado una capa abundante de tinte) así conseguiremos un efecto totalmente instaurado en el paso del tiempo sobre las Lady, quedando envejecidas como la misma mesita. Procedemos con el mismo método con el resto de las ilustraciones.



Dejamos secar...

















Y por último ponemos una generosa capa de látex y... obtendréis un resultado como éste:



¡Ya tenemos mesita vintage Lady Lidia!

jueves, 29 de mayo de 2014

Tuneando chocolate: primera parte

Abro el armario y me encuentro varias barras de chocolate abiertas: "vaya y ahora ¿qué hago?" Una de dos, o las meto en la nevera o me invento algo. La primera opción no me convence mucho porque el sabor y la textura que tiene el chocolate de nevera no me atrae así que opto por la segunda opción, al invento voy. 

Los ingredientes que he usado son:
  • Coco rallado.
  • Leche condensada.
  • Chocolates varios abiertos de comensales vergonzosos
Las cantidades no las he puesto porque depende del chocolate que tengáis por casa. Por la cantidad de bombones que han salido en la foto y a modo orientativo os podría decir que he usado:
  • 100 gr. de coco rallado.
  • 150 gr. de chocolates variados: negro y chocolate con leche.
  • 200 gr. de leche condensada.
En un bol mezclamos el coco con la leche condensada. Lo mejor es utilizar algo para mezclar tipo cuchara porque tendremos tiempo después de pringarnos las manos, para qué hacerlo antes de tiempo. Cuando la mezcla esté consistente como para poder manejarla como una especie de masa sin que se deshaga en el proceso, reservamos.

Ahora para el siguiente paso podemos optar por el plan A o plan B:

  • El plan A es poner encima de una bandeja un poco honda la rejilla del horno y así ir colocando las bolitas en la rejilla con cuidado. 
  • El plan B es ponerlas directamente en la superficie de la cocina. 
 
Si elegís la opción A el sobrante del chocolate caerá en la bandeja, es la opción más limpia, pero si las bolitas han quedado un poco blandas se pueden deformar. La B es ponerlas directamente en la superficie de la cocina (si es mármol, mejor) o ponerlas encima de un plástico o silicona. El inconveniente de esta opción es que el chocolate se expandirá por la superficie y quedara como un cuadro de Pollock.

Después de que hayáis elegido A o B ponemos el chocolate al baño maría a fuego lento para que vaya deshaciéndose. Un pequeño inciso: si mezcláis chocolates diferentes como ha sido en este caso, veréis que no se derriten por igual, paciencia y a fuego lento aunque para acelerar un poco el proceso podéis ir removiendo con cariño. Mientras haremos las bolitas (ahora es el momento de pringarse las manos) dejando el tamaño a vuestro gusto: según queráis más relleno o más cobertura.

Cuando el chocolate esté derretido, con cuidado y con una cuchara o manga, iremos cubriendo las bolitas: a más cantidad de chocolate dejemos caer mayor grosor tendrá la cobertura final,  aquí a gusto de cada uno. Una vez cubiertas las dejaremos templar y pasado un rato, con cuidado ya que estarán un poco pegadas, las pondremos en un plato y las meteremos en el frigorífico para que acaben de enfriar y para que se endurezca la cobertura. 


Una vez enfriadas las volvemos a manipular con cuidado porque se habrán vuelto a pegar un poco. Con la ayuda de espátula de cocina o cuchillo las despegamos y las ponemos en las cápsulas del tamaño de las trufas.

Ya tenemos nuestros bombones de chocolate rellenos de coco.



Esta receta es muy fácil, lo complicado es limpiar los utensilios que utilicemos: para evitar que se seque el chocolate y sea más difícil limpiarlo dejar unos minutos en agua caliente y saldrá fácilmente.

Y con el chocolate que haya caído en la bandeja del plan A o el sobrante que hayáis rascado de la superficie del plan B guardadlo y haremos otra receta en la segunda parte de tuneando chocolate. ¡Será chispeante!

miércoles, 16 de abril de 2014

Cata de Torrijas: sabor a Semana Santa

En un país multicoloooOOr nació una abeja... Ups! Sorry, me he equivocado de historia. La que nos ocupa en esta entrada es la de un típico dulce de Semana Santa aunque en algunos países se consuma en ésta y en otras fechas.

La primera vez que se citan las torrijas es en el siglo XV como reconstituyente para mujeres parturientas por su alto poder energético. En versión moderna: una bomba calórica. También se cree que se hacían en Semana Santa pues era una forma de reutilizar el pan que se comía menos por la prohibición de comer carne, su compañero de estómago. Como otras recetas, procede del aprovechamiento de las sobras o de la frase "aquí no se tira nada", lo cual va que ni pintado con la esencia del blog, así que vamos allá. 

A propósito del titulo, hemos probado varias recetas. Dan fe de ello familiares y amigos que han sido probadores de las torrijas, incluida mi persona. Que no se diga que los uso de conejillos de indias, aunque como bien dice un buen amigo, ¿quién se resiste a una dulzaina? ¡No seré yo!

Empezaremos con la clásica por excelencia: 

Torrijas de vino 

Esta receta es de un libro que me encanta. Si os gustan las recetas tradicionales españolas éste os lo recomiendo porque además viene salpicado de historia y anécdotas del escritor Juan Eslava Galán y su hija Diana Eslava. El título del mismo es Cocina sin tonterías.

Para ello necesitaremos:

1 barra de pan, incluso del día anterior (a gusto de cada uno la clase de pan, baguette, etc...) 
1 rama de canela 
1 cáscara de naranja
2 cucharadas de azúcar
500 ml de vino tinto
2 huevos
1 pizca de canela en polvo
Aceite de oliva suave


Os recomiendo que hagáis una buena mise-en-place que traducido es poner todos los ingredientes y utensilios que necesitéis cerca y ordenados. Os facilitará muchísimo la tarea de cocinar siguiendo recetas. 
En una olla ponemos a hervir el vino, añadimos el azúcar, la rama de canela y la cáscara de naranja.
Dejamos hirviendo a fuego medio unos 10 minutos. Retiramos el vino del fuego, lo colamos y lo dejamos enfriar. Cortamos una barra de pan en rebanadas de un dedo de grosor. Las colocamos en una fuente y las rociamos con el vino hasta que queden empapadas. Pasamos las rebanadas por huevo batido. Las freímos por ambos lados en una sartén con abundante aceite cuidando de que se doren sin quemarse. Las colocamos en una fuente con papel absorbente y las espolvoreamos con azúcar y canela.


Vamos a por la segunda, otro clásico: 

Torrijas de leche 

Esta receta es del bloc de Carmen, un tesoro descubierto del que hablamos en una entrada anterior y en el que pienso volver a sumergirme todas las veces que pueda y seguir descubriendo pequeños premios al interpretar sus recetas.

Ingredientes para lograrlo:

18 rebanadas de pan (dependiendo de la clase de pan que uséis para la receta os saldrán más o menos) Pero así esta puesto en la nota y quería ponerlo tal cual.
500 ml de leche
5 cucharadas de azúcar
1 rama de canela
Canela para espolvorear
Harina
2 huevos
Aceite de oliva suave


Ponemos a calentar la leche con el azúcar y la rama de canela. Mientras se calienta, cortamos las 18 rebanadas de pan, el grosor es a gusto de cada uno, si no la vais a consumir el mismo día, mejor será que no las cortéis muy gruesas ya que no absorberán la leche de la misma forma. Consumidas el mismo día, esta diferencia no se nota, pero transcurridos un día o dos sí porque el pan se reseca. Colocamos las rebanadas en una bandeja o fuente onda porque cuando la leche se haya calentado (no hervido) tendréis que volcar el contenido sobre las rebanadas de pan para dejarlas en remojo. Transcurrida media hora, se pasan por harina y huevo batido, a continuación las freímos en abundante aceite que esté muy caliente y las dejamos escurrir en un plato con papel absorbente. Una vez que el papel haya hecho su cometido, se espolvorean con azúcar y canela en polvo. Estas torrijas se recomiendan comer calientes o, mejor dicho, templadas, no vaya a ser que nos quememos y eso estropearía el placer que produce dicho tesoro...














lunes, 31 de marzo de 2014

Velas caseras: dar cera, pulir cera

Hemos pasado una noche mágica. Como una bendita, sembraste todo el piso con velas esperando la llegada de tu pareja, emocionada y trastabillando con los muebles porque has apagado la luz demasiado pronto. Una cena especial y postres a la carta. Eso sí, el momento de soplar las velas como paso previo a la habitación ha cortado un poco el rollo. A ver si los gatos van a salir como las fallas de Valencia.

A la mañana siguiente, todo lleno de románticas gotas de cera seca y velas semiderretidas. A recordar todas las que pusimos para recogerlas. Con una bolsa vamos recuperándolas y al acabar nos acercamos a la basu… NOOOOOOOOOO. La basura es ese agujero negro lleno de gravedad que nos atrae pero dentro del cual sólo hay oscuridad. Miedo ¿verdad? Pues aléjate, leches.

Vamos a utilizar todos esos restos para unirlos de nuevo en nuestras velas personalizadas. Y así, de paso, usamos todos esos envases que conviven en el lavadero y que por alguna extraña melancolía congénita no has tirado: botellas de suavizante, de refrescos, de bebidas alcohólicas –“tiene una forma tan bonita”-, botes de mayonesa… en fin, que hay un señor llamado Diógenes que te obliga a guardar de todo para darle ese sentido a tu vida que Evax no ha conseguido darle en la búsqueda del olor de las nubes. Puedes ahorrarte la vela de la primera comunión, "esa déjala, anda, que queda muy mística".

Después de la cera, hay algo importante a considerar: sin mecha, no enciende. Entiéndelo antes de que sea demasiado tarde. 

La cuerda perfecta es la que usa para bridar la carne y que venden en bobinas circulares. Pero cualquier cordel simple de algodón nos sirve. Ojo con usar hilo porque si no te vas a tirar toda la tarde trenzando. Y necesitamos una base con algo de peso para que podamos mantener la cuerda en el centro y que no explote con el calor. Puede ser una concha marina, una chapa de refresco o una piedra pequeña que te cruces en tu paseo perruno. Piensa que cuando la vela se derrita, mejor encontrar una bonita concha que no un pedrusco de orígenes dudosos.

Utensilios:

  • Un cazo cochambroso que será exclusivo para derretir cera porque quedará inutilizable para otra  cosa
  • El tenedor más feo que tengamos por casa
  • Un palillo de brocheta o el que te llevaste del chino escondido en la chaqueta. 


Proceso:
1.    Lo fundamental aunque te consideres la más limpia del barrio es forrar todo. A ser posible con papel de aluminio en caso de tener fogones. Los de vitro después se lo pasarán pipa con la rasqueta. Nosotros no lo hicimos y aún estamos quitando cera.

2.    Prepara los moldes: Si es de plástico cuidado con volcar la cera muy caliente porque se deformará y desmoldará fatal, aunque pueden quedar formas interesantes. A más flexible sea el plástico, más fácil desmoldaremos. 

3.    Elige el fuego más pequeño, ponlo al mínimo y coloca el cazo. Si en algún momento sale humo de los bordes, retíralo porque significa que la cera se está quemando. Cuando enfríe podemos seguir. Lo mejor es empezar con virutas o restos pequeños y una vez derretidos, ya ponemos los trozos grandes. Se derretirá mejor. Si aparecen cosas negras flotando en el cazo, son impurezas que al volcar la cera quedarán en el fondo del cazo y podremos retirar sin que nos estropee las velas. Si aparece algo alargado flotando, evidentemente, es la mecha. Retírala con el tenedor y déjala sobre papel de cocina. Al señor que está metiendo la zarpa le deseo todo lo mejor.



4.       Prepara la mecha: debe sobrar un palmo de mecha de la longitud del molde. Si la hacemos con cordel, hacemos 3 hiladas de la misma longitud y las trenzamos como podéis ver en la foto de la izquierda. Usar los tiradores de la cocina como sujeción es práctico… si tienes la altura suficiente.
5.       Como tenemos parte de la cera derretida en el cazo, descolgamos la premecha y la bañamos 3 veces dejando secar en papel entre cada inmersión y cuidando de no gotear. Volvemos a colgarla de nuevo de los tiradores hasta que se ponga rígida. Es el momento de emocionarse… ¡mi primera mecha!



6.       En la punta donde la mecha esté más irregular atamos la piedra o concha. La introducimos en cera derretida para que una las piezas, dejamos secar y al molde de forma que quede en medio de la base. La parte que sobresale de mecha la enrollamos a un palo que apoyamos horizontal en el borde del recipiente. Como hacer un pozo. O no.





















7.
       Tenemos 10 oportunidades para saber cuándo la cera tiene la temperatura perfecta para que no derrita el molde. Una por cada dedo chamuscado. O podemos verter una gota en el trozo de plástico que nos haya sobrado al hacer el molde y comprobar si lo resiste.


8.       Rellenamos moldes. Limpiamos las virutas negras con papel y volvemos a empezar. Así hasta que alcancemos el nivel deseado de relleno.



















9.       No has acabado todavía. Cuando se dejen enfriar más de 24 horas aparecerán agujeros. Esto es porque hemos vertido la cera a no mucha temperatura para no cargarnos los moldes de plástico. No pasa nada. Volvemos a derretir cera y a rellenar. Así hasta que quede plana. Si rellenamos con un color diferente al que habíamos usado nos quedará más original. 
10.   Desmoldamos. Si es plástico, con mucha paciencia o al recortar con tijera harás palanca y al traste con la vela. Si es cristal, lo envuelves en un trapo viejo que tirarás, te pones guantes y a arrearle. Los vecinos estarán encantados contigo. Hay botellas que son estupendas como las de Lambrusco y otras horrorosas de duras como las de licores. También existen los martillos. Paciencia y cuidado.



11.   Tened preparado algodón de desmaquillar para pasarlo a la vela cuando hayamos roto el molde así quitar todas las virutas de cristal. Aunque no las veas, están ahí y son peligrosas.

12.   Corta la mecha sobrante. Deja al menos 2 dedos, no seas ruin y te vayas a quedar sin mecha. 

13.   Desmoldada y cortada la mecha, si la vela tiene imperfecciones y quieres hacerle un tunning puedes usar el secador. Al pasarlo se crean microgotas que con los dedos podemos ir alisando. Otra opción es usar el soplete. El de soldador no, bestia, el de cocina. Es más preciso y puntiforme, pero si lo acercas mucho harás un agujero y vuelta a rellenar. No todas las velas soportan bien estos retoques, algunas quedarán mate por la mala calidad de la cera. Así que empieza por donde no se ve, la base. 

Enciende la vela y… Ohhhhhh… qué fuego tan especial y tan... Mío


¡¡¡¡A REGALAR VELAS!!!!



viernes, 28 de marzo de 2014

Pesto casero de final de mes

Esta entrada se la voy a dedicar a Miriam, una persona muy especial con la que compartí clases, patios, bocadillos exquisitos que eran capaces de mantener el pan crujiente cuando los demás llevábamos el pan chicloso y reblandecido, confidencias y muchos momentos de risas y lágrimas. Hace unos años se marchó a Italia, cambiando de tierra que no de mar y añadiendo a su mochila una cultura hermanada con la nuestra y unos ingredientes impresionantes para cocinar.

¿Qué ha motivado este viaje de recuerdos? El maravilloso ...






Podríamos decir que es una especie de puré de hierbas, ajo y frutos secos, pero como lleva el aceite que liga todos los ingredientes es una emulsión, una mezcla de líquidos no miscibles pero que unidos forman una textura homogénea

Su nombre proviene del italiano "pestare" que es la acción de majar con un mortero, ya que tradicionalmente es una salsa que como el "all-i-oli" se liga manualmente


Se dice que es una receta muy antigua, hija del "moretum" que hacían los campesinos romanos del 25 d.C. y que era una preparación de hierbas machacadas, queso, aceite y vinagre y que lo usaban para rociar el pan. Otros lo emparentan con la "agliata" medieval, una especie de escabeche de aceite que incorporaba tomates, ajos y vinagres y que los pescadores italianos usaban como conservante y aderezo de pescados y carnes. Por el nombre ya imagináis qué ingrediente predominaba.


Lo cierto y documentado es que la primera mención de esta llamada "salsa" aparece en 1863, en un libro escrito por Giovanni Battista Ratto, La Cucinera Genovese y considerado el recetario más completo de la región italiana de Liguria. Por esto, el pesto original lleva la coletilla de "genovés". 

La receta más fiel sería con mortero y se usaría un diente de ajo por cada 40 hojas de albahaca:

1. Las hojas se lavan, se secan bien y se reservan. 

2. Empezamos majando ajo y piñones: pueden haberse tostado previamente y la cantidad va a gusto aunque para un ajo, unos 50 gramos está bien. Parar cuando se cree una crema espesa

3.Añadir las hojas de albahaca: la variedad genovesa o de Prà es la más aromática y valorada pero hemos ido a un súper cualquiera y cogeremos la que esté disponible.

4.Añadir sal gruesa y e incorporar poco a poco el aceite a medida que se maja hasta tener una consistencia homogénea y cremosa. 

5.Añadir con cuchara el queso: o Parmesano o Pecorino, que tiene un sabor parecido, pero con un punto picante buenísimo.

Esta podría ser una receta, pero ojo, los italianos son muy suyos con la cocina y no sólo pidieron en 2011 la Denominación de Origen Protegida para su salsa sino que tienen un campeonato anual en Génova que lo gana el mejor elaborador de pesto: 


Visto lo visto, y teniendo en cuenta que estoy a kilómetros de allí y no se van a enterar, me voy a poner rebelde. Paso del mortero que no estoy para machaques y... vaya... el precio de los piñones está por las nubes y yo a final de mes. ¿Qué tenemos en el armario? Almendras crudas. Estupendo. Hay una variante llamada "pesto alla Trapanese" que cambia los piñones por almendras y también incorpora pulpa de tomate fresco. Interesante.

Pesto casero de final de mes:

Hemos puesto el ajo, la albahaca fresca, las almendras, la sal y el aceite de oliva juntitos en el vaso de la thurmix. Y potencia. Me he sentido culpable -jo, almendras- pero qué narices, la receta original no llevaba ni piñones. Así que otro día lo pruebo con nueces. Soy una radical. 

Hay algo a tener en cuenta cuando cambiamos mortero por thurmix: con el mortero, es el sabor de la albahaca el que predomina, pero con la thurmix, el ajo sube más, por lo que tened ojo con la cantidad que ponéis o será igual que hayáis puesto albahaca que un geranio de la abuela.

Lo que sí que no perdono es el parmesano que yo añado al final, manualmente, para que mantenga su aroma. Es caro pero cunde muchísimo y más si lo rallamos con un rallador "microplane": tiene cuchillas muy afiladas y más pequeñas que los ralladores normales por lo que corta el alimento sin romperlo, que es lo que ha sucedido cuando nos encontramos trozos de queso que arrastrados por la fricción caen sin rallar y después parecen grumos a la deriva entre la pasta.

La cantidad de aceite depende del gusto de cada uno. Si la quiero para carne o pescado, la dejaré espesa, para que se adhiera bien. Si es para ensalada o pasta, más fluida, con más cantidad de aceite, para que impregne y se reparta por todo el plato.

Y un último apunte: si tenemos hojas de menta que nos han sobrado, probad a incorporarlas. Para ensaladas le da un toque fresco a la albahaca que con queso tipo burgos mezcla estupendamente. 

Quizás Miriam se ha tirado de los pelos como la "Mamma" italiana en que se va a convertir porque por esos lares la receta es totalmente distinta. Pero así la invito a que colabore y me mande alguna recetilla, que estoy segura que comen de vicio y mi envidia es muy insana. 

¡Val più la pratica della grammatica! 

No tengo muy claro qué significa... pero suena bien. A presto!



lunes, 24 de marzo de 2014

Espaguetis déjà vu: cómo hervir pasta y espesar salsas

En la entrada del día 21 de marzo prometimos explicar qué haríamos con la salsa que nos había quedado y que habíamos refrigerado. Como en casa está prohibido tirar y empezamos el blog con mucho contenido cárnico decidimos pasarnos a los hidratos de carbono. Energía rápida para el cuerpo. 




Cuando preparamos pasta nos encanta el "venga echa a ojo" y sucede que terminamos comiendo tres días lo mismo, sólo que el primero está al dente y estupenda y el tercero es una plasta uniforme de harina grumosa. Así que nos grabamos a fuego que la ración de pasta SECA (de la que hay que hervir) son 100 gramos si comemos plato único. Si no, con 80 gramos y una ensalada tenemos más que suficiente. Y la cantidad de agua, 1 litro por 100 gramos de pasta, si no la pasta la absorberá toda y no podrá terminar su cocción, una tragedia.

Cada tipo de pasta tiene sus minutos de cocción en el paquete, lo que a veces no tenemos claro es cuándo empiezan esos minutos: empiezan desde que el agua comienza a hervir con la pasta dentro. 

La pasta se echa con el agua hirviendo, se remueve unos minutos para que no se pegue, EN ESE MOMENTO SE PONE LA SAL, no antes porque si no el agua tarda más en hervir y eso cuesta dinero. Se deja un fuego medio-alto y cuando vemos que vuelve a hervir empiezan a contar esos minutos de cocción. Después cada uno podemos elegir el punto que más nos guste, pero lo normal es el dente, o blando por fuera y un poquito duro por dentro

A la hora de sacar, si vamos a servir inmediatamente, se lleva al escurridor, se agita para soltar el agua sobrante y a los platos con sus "toppings". Nada de dejarla dormitando en la pica mientras pongo la mesa o miro pasar esas nubes tan espectaculares por la ventana porque la pasta seguirá cociendo con el calor residual y se nos quedará "blandurria". 

Si el caso es que hervida la pasta prefieres ponerte a tocar el ukelele porque te ha entrado el momento de inspiración, corta la cocción con agua fría debajo del grifo y removiendo bien. Así evitas que se pegue y que se pase su punto. La dejas escurrir y después de crear tu LP ya puedes añadirle lo que quieras, calentarla con su salsa en una cacerola -no recomiendo microondas porque se calentará sin uniformidad y sin mezclar sabores- y servirla.

Nosotros, como teníamos la salsa de la receta anterior ya pasada por la thurmix y colada, vamos a prepararla para que coja una textura que permita que no resbale entre los espaguetis y termine de nuevo en el fondo del plato. En nuestro caso, no teníamos mucha cantidad -medio litro-, por lo que no podíamos dejar que se nos redujera que es lo ideal para cualquier salsa: para reducir, ponemos a hervir una salsa y vamos dejando que se evapore hasta conseguir la textura que nos interesa.

Así que vamos a espesarla. Hemos elegido espesar con maicena porque es rápida, no cambia el sabor principal y queda una salsa fina y bien ligada ya que prácticamente es "pegamento" alimenticio. Para que no se formen grumos, ponemos un poco de salsa en un vaso, en frío, y una cucharadita de maicena ya que no queremos muchísimo espesor, sino sólo que ligue. Removemos bien hasta que quede disuelta. Ponemos a hervir toda la salsa y añadimos removiendo el vaso con la maizena. A medida que suba la temperatura veremos cómo va espesando. Si necesitamos más espesor, podemos coger una parte de la salsa, apartarla, volver a disolver maizena e incorporar. Siempre diluir antes porque si no se formarán grumos, aunque eso se puede solucionar a posteriori con otra pasada de thurmix.


Salsa espesada, ponemos los espaguetis ya cocidos -sí, tocamos el ukelele- en una cacerola, calentamos removiendo bien para que se mezcle todo y servimos espolvoreando queso y orégano. Si el queso es "parmeggiano" y el orégano es fresco, mucho mejor. Si es el trozo de queso duro que vive permanentemente en un rincón de la nevera y el orégano seco que estaba de oferta, va a estar bueno también. Recordad que estábamos ante una salsa de muslos de pollo, por lo que también podemos añadir trocitos de pechuga salteado y va a complementar de maravilla.

¡Que aproveche!